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Historia del Instituto Resurrección del Señor
El Instituto Resurrección del Señor, ubicado en el barrio de Chacarita, nació en 1966.
Su fundador fue el entonces cura párroco Carlos Reggiani, quien además se desempeñó como el primer director de la institución. La escuela surgió a partir de una necesidad concreta de las familias del barrio, que deseaban contar con un espacio educativo que acompañara a los niños tanto en su formación académica como en su crecimiento humano y espiritual.
Los comienzos fueron sencillos, pero profundamente esperanzadores. El colegio inició sus actividades en el turno tarde con una guardería, una sala de jardín de infantes y primer grado. Con el paso del tiempo, y gracias al compromiso de toda la comunidad educativa, se fueron incorporando nuevas salas y grados, ampliando progresivamente la propuesta para responder a las necesidades de las familias del barrio.
Los recuerdos de quienes formaron parte de aquellos primeros años mencionan a Amelia Espinho como una de las primeras directoras de la institución, desempeñando un papel fundamental en la consolidación de este proyecto educativo que comenzaba a dar sus primeros pasos.
La escuela fue creciendo junto con su comunidad. En 1982 se incorporó la sala de 3 años, fortaleciendo el Nivel Inicial y ofreciendo nuevas oportunidades a las familias que confiaban la educación de sus hijos al Instituto. El crecimiento sostenido permitió completar progresivamente el nivel primario, que quedó plenamente conformado en 1995 en el turno mañana y en 1998 en el turno tarde.
Un capítulo especialmente significativo de esta historia fue la creación, en 1991, del Jardín Maternal Epifanía del Señor, destinado a niños desde los 45 días hasta los 3 años de edad. Este espacio nació con una profunda vocación de servicio, brindando acompañamiento a las familias de la comunidad en una etapa tan importante como la crianza de los más pequeños. Con el paso de los años, el maternal se integró plenamente al proyecto educativo institucional y, en 2007, dejó de utilizarse la denominación «Epifanía del Señor» para incorporarse formalmente a la estructura del Instituto Resurrección del Señor.
En el año 2001 nació una propuesta que marcaría profundamente la identidad de la escuela: los talleres de contraturno P.A.R. (Proyecto de Aprendizaje Recreativo). Lo que comenzó como un pequeño espacio destinado a grupos integrados del turno mañana fue creciendo año tras año hasta transformarse en una de las experiencias más valiosas y queridas de la institución.
Con el tiempo, el P.A.R. se extendió a ambos turnos y acompañó a niños desde sala de 3 años hasta séptimo grado. Más que un espacio recreativo, se convirtió en un ámbito de formación integral donde el juego, la creatividad, la convivencia, la exploración y el aprendizaje se combinaban con la transmisión de valores cristianos y pedagógicos. Allí los alumnos desarrollaban la solidaridad, el respeto, la autonomía, la responsabilidad, el trabajo en equipo y el compromiso con los demás, construyendo vínculos y recuerdos que permanecerán para siempre en la memoria de quienes participaron de esta experiencia.
El crecimiento de la matrícula y de los proyectos educativos estuvo acompañado por importantes transformaciones edilicias. Entre los años 2002 y 2005, , se llevaron adelante diversas obras de ampliación y modernización. Entre ellas se destacan la ampliación del ingreso al establecimiento, la construcción de nuevas aulas destinadas al P.A.R., la creación de la sala de computación, nuevas salas para el Nivel Inicial y otras mejoras que permitieron seguir acompañando el crecimiento institucional.
A lo largo de los años, la escuela continuó renovándose y adaptándose a los desafíos de cada época, siempre con el objetivo de brindar a sus alumnos espacios adecuados para aprender, compartir y desarrollarse plenamente.
En 2024 comenzó una nueva etapa para el Instituto con la implementación progresiva de la Jornada Completa, en el marco del Proyecto Aldea, una propuesta de transformación integral que promueve el crecimiento de la escuela en sus dimensiones edilicia, pedagógica y espiritual. Este proyecto significó un importante avance en la propuesta educativa de la institución y dio lugar a una profunda reorganización de espacios, tiempos y recursos para acompañar las nuevas necesidades de enseñanza y aprendizaje, fortaleciendo la formación integral de los alumnos y la construcción de una comunidad educativa cada vez más inclusiva, cercana y participativa.
Como consecuencia de este cambio, el P.A.R. concluyó su recorrido institucional.
También en 2024 comenzó un camino y se realizaron importantes mejoras destinadas a fortalecer la inclusión y el bienestar de los estudiantes. Entre ellas se destaca la incorporación de un ascensor, favoreciendo la accesibilidad de toda la comunidad educativa. Además, se crearon dos espacios especialmente innovadores y significativos: la sala EMAÚS y la Sala Multisensorial.
Ambas fueron concebidas como entornos de acompañamiento, calma y contención, destinados a favorecer la regulación emocional y sensorial, el bienestar integral y el desarrollo de los alumnos. Son espacios que permiten ofrecer respuestas más personalizadas a las distintas necesidades que pueden surgir durante la vida escolar, promoviendo una educación cada vez más inclusiva y respetuosa de las particularidades de cada niño.
Desde aquel sueño iniciado en 1966 hasta la actualidad, el Instituto Resurrección del Señor ha acompañado la formación de generaciones de niños y jóvenes. Lo que comenzó como una pequeña escuela fue creciendo gracias al compromiso de directivos, docentes, personal no docente, familias y alumnos, conservando siempre el espíritu que le dio origen: ser una comunidad educativa donde el aprendizaje, la fe, los valores y el amor por el prójimo caminen de la mano.
Hoy, camino a sus sesenta años de historia, el Instituto Resurrección del Señor continúa escribiendo nuevas páginas, con la misma vocación de servicio, el mismo compromiso con la educación y la misma esperanza que impulsó a sus fundadores. Porque más allá de los cambios, las obras y el paso del tiempo, sigue siendo para muchas generaciones una verdadera segunda casa, un lugar donde crecer, aprender y construir comunidad.
